Técnica general cebo natural

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TÉCNICA GENERAL PARA PESCAR A CEBO NATURAL

Es la forma de pesca más antigua que existe, con la cual comenzaron la mayor parte de pescadores  que hoy practican todas las modalidades. Consiste en el método elemental para capturar un pez en virtud de la presentación de cualquier cebo que forme parte de su dieta habitual, con un anzuelo en su interior  unido por una línea a la caña de pescar.
Como vemos, el número de elementos que intervienen en el sistema es mínimo: un anzuelo, el hilo y la caña, añadiendo, en la mayor parte de los casos,  un lastre o unos plomos al objeto de favorecer su hundimiento. Según las diferentes modalidades podrán irse sumando distintos utensilios, de acuerdo con las situaciones y gustos del pescador (bobinas, carretes multiplicadores, flotadores, etc.)
Este método básico llega a nuestros días prácticamente sin variaciones fundamentales. Podríamos pescar con los mismos anzuelos encontrados en excavaciones, los cuales tienen miles de años de antigüedad. Existiendo a lo largo de la historia los confeccionados con los materiales más diversos (madera, cobre, hierro, espinas, garras de rapaces, hueso, etc.) pero todos ellos con el mismo principio: una forma curva o en ángulo, un extremo afilado  y una línea de unión con el pescador. Esta simplificación puede llevarse al extremo de suprimir la caña y sostener directamente con la mano el hilo de pesca.
Pensando en el pez más buscado en Galicia (la trucha) dejaremos aparte los cebos vegetales, utilizados para la pesca de otras especies en  la península Ibérica. De este modo la gran división que puede realizarse consiste en los cebos naturales de fondo y los de superficie.

caña

Cebos de fondo
Son aquellos apropiados  para pescar sumergidos en el cauce los ríos haciéndolos discurrir sobre su lecho.
Aunque pueden utilizarse durante toda la temporada con una efectividad aceptable, pensamos en los cebos de fondo para ser usados en los meses de primavera, con ríos de caudal abundante y frecuentemente  con aguas turbias.
Pudiendo utilizarse gusanos, larvas, etc. el cebo  empleado por la mayoría de pescadores es la lombriz de tierra que, además de su eficacia, es fácil de obtener, conservar y manipular.
Los materiales
Para la práctica de esta modalidad, los materiales pueden reducirse a una cantidad  mínima: anzuelos de número comprendido entre el cuatro y el seis. Hilo de resistencia  apropiada (entre dos y tres kgs. es suficiente).  Plomos hendidos de pequeño tamaño y una caña en torno a cinco metros , dependiendo del lugar donde vayamos a pescar, la cual puede ser desnuda o anillada, en cuyo caso se hace necesario un carrete o una simple bobina con hilo de reserva.
El método
Una vez anudado el anzuelo al extremo del sedal, colocaremos los plomos suficientes para su fácil hundimiento, a una distancia de treinta cm. aproximadamente, en número variable dependiendo de las condiciones del río (fuerza de la corriente, nivel de caudal, etc.) y el otro extremo del hilo simplemente atado a la puntera de la caña o directamente al carrete, a través de las anillas.
Después de insertar convenientemente el cebo en el anzuelo, sólo queda intentar presentárselo a la trucha en su territorio de caza para tentarla.
La simplicidad de este método es tal que cualquiera puede pescar con sólo dejar reposar el cebo en el fondo de cualquier remanso o “pozo” del río. Y esperar el tiempo suficiente.
Aunque a lo largo de una jornada podemos capturar un buen número de ejemplares con el sistema descrito, la forma correcta de pescar será aquella que realizaremos  explorando todos los lugares donde parezca probable que se encuentre una trucha comiendo.
Siempre con los plomos deslizándose por el fondo del curso (percibiremos en la mano la vibración que producen) iremos intentándolo en las corrientes. En los recodos al final de las mismas. Detrás de las grandes piedras que sobresalen del agua. En las proximidades de troncos hundidos. En las desembocaduras de los pequeños afluentes. Y , en definitiva, en cualquier lugar que nos parezca propicio para ocultar un pez.
En todos los casos mencionados, debemos poner sumo cuidado  para que la velocidad a la que viaje nuestro cebo sea la misma que la corriente (sin retenerlo ni adelantarlo).
Percibiremos la picada por una simple retención de la línea o unos tirones en su extremo. En ese momento clavaremos con un pequeño movimiento de muñeca, sin demasiada violencia, siempre y cuando consideremos que ha tragado lo suficiente, ya que la trucha ,normalmente ,no lo traga en el mismo lugar, si no que lo toma y se desplaza hacia el refugio donde se encontraba.
Si todo sale bien, en pocos segundos tendremos una captura debatiéndose a nuestros pies. Reparamos o colocamos un nuevo cebo y comenzaremos de nuevo el proceso.

trucha a ninfaCebos naturales de superficie
Son aquellos que utilizamos pare pescar haciéndolos flotar sobre el agua o hundiéndose muy pocos cms.
Su efectividad se basa en que los insectos acuáticos, cuyo hábitat es el río  y los terrestres que caen accidentalmente al agua, son ingeridos con avidez por las truchas
Aunque existe un gran número de insectos que , en potencia, serían buenos cebos, tanto por su tamaño como por su escasa resistencia para ser fijados en un anzuelo, hacen que debamos desecharlos  y reducir a un número muy pequeño aquellos que son utilizables.
Por su eficacia y abundancia, citaremos entre los flotantes al saltamontes y el grillo, mientras que, para pescar bajo la superficie destacaremos las larvas de odonato (besbello en Galicia) y las de tricóptero o frigánea.
A causa de sus ciclos naturales, el estado de los cauces y la disposición de las truchas, estos cebos son concebidos para su utilización en los meses cálidos.

Los materiales
En la pesca de superficie será suficiente la utilización de una caña (en torno a cinco metros, un hilo de sesenta cms. Y un anzuelo del número seis.
Para pescar bajo la superficie, alargaremos la longitud del sedal en función de la profundidad del río, pudiendo añadir un pequeño plomo si las condiciones impiden el hundimiento del cebo.

El método
Intentaremos colocar nuestros cebos en el agua del mismo modo que si se tratase de una caída fortuita del insecto sobre la superficie, con suavidad, ocultándonos de la mejor forma posible y con desplazamientos lentos.
Podremos realizarlo desde el interior del río o pescar desde la orilla, teniendo siempre presente lo mencionado en el párrafo anterior: ausencia de ruidos, de pisotones, de ropas con colores llamativos, etc. Recordemos la desconfianza innata de las truchas a cualquier fenómeno que escape a la normalidad de su entorno.
Pescando en superficie, la mayor parte de las picadas se producirán en el momento de caer nuestro cebo sobre el agua o, en todo caso, a los pocos segundos de haberlo hecho. Si se trata de una zona con corrientes, el cebo navegará como si fuese transportado por la misma, mientras que si pescamos en un lugar calmado, es conveniente imprimirle unos pequeños movimientos simulando el insecto al debatirse. Lo que normalmente se conoce como “floreo”.
Cuando las truchas comen francamente, se producirán pocos desenganches aunque, en todo caso, acompañaremos la picada con un “cachete” para clavar en el momento justo.
Análogamente procederemos pescando bajo la superficie, aunque en este caso, intentaremos simular que nuestro engaño es un insecto transportado por la corriente, a la misma velocidad que ésta y deteniéndose en los lugares en que lo haría de forma natural.
Cuando utilicemos una larva natural plomada y permanezca retenida tras un obstáculo, bajo unas ramas o en los remolinos, prestaremos mucha atención cuando comencemos a retirar el cebo sin que la trucha haya picado pues, en muchas ocasiones, es el momento en que la trucha se decidirá a picar, como si temiera que su presa escapase.
Aunque en cualquier lugar del río podremos obtener una captura ,con los insectos terrestres debemos comenzar intentándolo en las zonas más próximas a la orilla, mientras que las larvas e insectos acuáticos incitan a las truchas de forma indistinta, en cualquier lugar del río, siempre que se trate de un “puesto” adecuado (canales entre la vegetación, zonas resguardadas con obstáculos, corrientes lentas al lado de una más viva, etc.)
Con la experiencia y la práctica podremos ir reconociendo los lugares tipo donde la probabilidad de capturas es más elevada.
A pesar de lo indicado, diremos que también es factible pescar truchas con cualquier cebo natural de los mencionados, plomado suficientemente para que se hunda y utilizado como si pescásemos con gusano o lombriz a principios de temporada.

Para cualquier comentario:

http://www.todopescagalicia.es/foro/viewtopic.php?f=18&t=1028