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De vuelta con los amigos

DE VUELTA CON LOS AMIGOS

Aprovechando una visita había que ir al agua, por supuesto. Y con quien mejor que Luis y Eloy (a ver si de paso me da el título de Pailanazo)

Con mi habitual suerte, el mar malo todos los días. Maretón aunque tendía a mejorar. Por eso lo fuimos aplazando y el lunes, justo antes de volverme, nos dejó ir. Una pena no poder compartir alguna salida más con otros amigos y compañeros de la web, como era la intención, pero ya sabemos que aquí el mar impone sus reglas.

El lunes quedamos en el pantalán a primera hora, para cambiarnos y preparar la “hoja de ruta” El mar era aún duro, sobre todo con la marea baja. Entre el cachondeo habitual nos vestimos y para el agua.

Aún había algo de viento y mar de fondo, que por momentos hacía complicada la navegación. Decidimos tirar hacia la zona de Suevos y Coruña, buscando un punto más calmado con la marea baja y salir hacia la espuma con la pleamar.

En el primer punto que nos tiramos un asco. Agua sucia, aunque calmado. Nos pusimos a mirar por algún buen pinto, pero era muy complicado verlos. Aquí Luis tuvo mala suerte, se le fue una buena lubina y desgarró otra (enchepada) Empezaba con mal pie. Nos pondrá el vídeo en breve de esa rotura. Solo conseguimos sacar un par de pintos.

Cambiamos de punto y aún empeoró más. Era una sopa a causa de las algas en suspensión. Un auténtico asco, que complicaba por veces incluso verse la mano. Entre medias tuve suerte y se me cruzaron a algo de agua un grupo de sargos breados, de unos dos kilos y pico y pude pillar uno. Y una lubina de kilo pasado. Por lo menos se veía algo de pescado entre tanta “porquería” El mar incómodo, con tan poca visibilidad mareaba bastante.

Ya había pasado bastante tiempo y la marea estaba perfecta. Así que fuimos a unas espumas que suelen dar buenas piezas.

Según nos tiramos en la primera, un espectáculo de lubina pequeña. Ya la veíamos desde arriba. Primera picada, hago una espera dejando pasar las pequeñas y detrás aparecen otra mejores, de kilo largo. Consigo una. Luis entre tanto mata otra buena. Un buen robalaco.

Seguimos por allí y sacamos un par de ellas más bonitas. Así como un buen pintorro que escapaba al fondón.

El agua ensuciaba, peor más caliente. Se ve que entra agua diferente. Más blanca, complica la visibilidad pero seguro que trae más pesca.

En un punto que me suele gustar hago una espera y ahí me entran cuatro “cacharros”, sobre los cinco kilos cada una. El mar mueve bastante y no me deja anclarme bien, así que no se confían, guardan la distancia y necesito un tiro bastante largo. Por suerte estaba con el fusil de 95 (los otros no los traje) y sin problemas. Queda en el hilo y empieza a luchar. Después de desovar están fuertes, comieron ya y no hay quien las pare. Luis y Eloy ya estaban en la barca y me la vienen a recoger. Aprovecho para hacer otra picada, a ver si queda alguna más.

Busco el sitio bueno, un poco alejado de donde deben estar. Hago la picada y encuentro un pequeño pocete, con un canal orientado hacia el lugar por el que deberían entrarme. Las llamo y puedo ver una. Menudo “cacharro”! La veo perfectamente, de lado, se gira y empieza a entrarme. Aunque lejos aún. Viene poco a poco, pero en esas una como la anterior, de cinco y algo, se pone pegada a mi, mirándome. El tiro es sencillísimo, a medio metro y la tengo justo enfrente de la varilla. Dudo si matar esa o seguir intentando por la grande y decido ir a por la otra. Le calculo unos 8 o 9 kilos, quizá algo más. Sigue entrando de frente… pero un golpe de mar acerca demasiado a la que se me había puesto delante y casi tocándome decide irse, con lo cual la otra cambia de dirección siguiéndola. Mala suerte.

Es aquí cuando decidimos que el día está más que bien y es hora de volver a puerto.

Una pena que nos olvidamos de hacer una foto los tres juntos con la pesca. Queda como cuenta pendiente para la próxima vez.

Ahora ya de vuelta por aquí, con la boca dulce. Mañana al agua otra vez, a ver si saco algo bueno.

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