The winter is coming

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Hoy vamos a ver el relato de una salida de pesca entrando el invierno. Ha cambiado todo, ni rastro de pescado, agua fría y sucia y al final simplemente un poco de marisco (permitido en Irlanda)

panorámica-playa

Aprovechando un día de calma, de los pocos que ya empieza a haber, fui al agua a intentar pescar algo. El mono empezaba a ser ya insoportable, así que… por lo menos mojarme un poco.

En las zonas más expuestas estaba imposible aún. En general hay muy poco fondo, con arena e incluso puntos fangosos, que el mar de fondo los remueve y se hace imposible pescar por la visibilidad. Además, la cantidad de ríos y agua que baja por ellos enturbia todo.

Así que tocó probar en una zona mala en cuanto a pescado pero que por lo menos me dejaría hacer algo de ejercicio.

Es un punto curioso, arena que es en realidad un alga calcárea. De crecimiento muy lento, mientras está en el agua, creciendo y viva, tiene un color entre amarillento y rosado, transformándose en blanco cuando muere (y lo vemos en la playa) Forma grandes arenales, y esta bahía está llena de ella. Desde la “arena” del exterior hasta casi cruzar al otro lado.

Vemos como son en esta imagen, más de cerca.

Bajo el agua albergan mucha vida en el medio: bivalvos, cangrejos…

Donde voy a pescar hoy por momentos se parece mucho a Galicia: las rocas, la ola, e incluso el fondo. Sin embargo las diferencias se encuentran en las especies. No hay apenas mejillón, casi nada. El sargo no existe. La lubina es más escasa. Sin embargo hay más abadejo, mucho más. Y marisco en general como puede ser nécora, centolla, bogavante…

Uno de los motivos es la temperatura del agua. En verano más caliente que en Galicia, llegando a los 20 grados y pasándolos incluso. Además, no hay ningún momento en que baje de temperatura. Y sin embargo en invierno llega a los 8 o incluso 6 grados. ¡Mucho frío!

Ahora estamos ya a finales de otoño, llegando el invierno. La temperatura del agua bajó hasta los 11 grados aproximadamente, ya empieza a dar gusto meterse… Sin embargo en el exterior, aun teniendo un día muy bueno, estamos sobre los 5-6 grados, que nos marcaba el coche. Por suerte sale algo el Sol y se hace más agradable cambiarse.

Empezamos con el ritual. Agua calentita, una espuma para ponerse encima y no manchar los pies. El pantalón sigo con un cinco milímetros, en este caso un Elite nuevo (el Salvimar lo tengo ya bastante usado y queda para el verano) y una chaqueta sporasub de 9mm. Con los 5 o 7mm sería imposible ya aguantar con el agua a menos de 10 grados, por lo menos para mi. Y por eso pedí una chaqueta nuevecita, para este invierno.

Los escarpines sigo con 3mm y bastante chupados, voy a tener que cambiarlos, pero de momento aún aguantan. Así que llegamos ya a poner la chaqueta y… sorpresa, viene mal encolada y abrió en la unión del refuerzo de carga… ya empezamos mal y de mala leche. La otra que tengo, ya machacada, me pasó lo mismo varias veces.

Aqui vemos más de cerca cómo abrió:

Por suerte siempre traigo otra chaqueta, así que a ponerla y para adentro.

Esta zona es un canal, algo habitual por aquí. Se forman bahías más grandes que estrechan luego en canales como este, abriéndose otra vez después. Así, se forman unas corrientes muy fuertes, que en ocasiones parecen casi ríos. Además esto aumentado por el efecto de unas mareas más grandes, siendo habituales variaciones de más de 5m entre la pleamar y la bajamar, con picos más altos, superiores a los 6m.

Para ello imprescindible unas aletas blandas, cómodas, que nos permitan aletear a buen ritmo durante tiempo sin cansarse. El fondo aquí no es problema, lo es la corriente.

El primer tramo es zona de arena (como la que vimos) con canales que forman algunas rocas. Aún hay alga. En estos puntos más abrigados aguantará todo el año la laminaria de tallo redondo. Con el agua caliente es habitual ver abadejos, algunos de buen tamaño. Pero hoy es todo un desierto. Aunque aquí por lo menos hay bastante clareo.

Sigo avanzando, con la corriente a favor, en un arenal bastante extenso. Aquí aún sigue clara y rezando por que se mantenga así. Lo peino a ver si encuentro algún pez plano. Es habitual ver rayas, lenguados o rodaballos. Y por supuesto también alguna vieira o navajas. Aunque justo a ras de fondo el mar trabaja algo más y las navajas nada. Pero si una vieira.

Aunque ya me parecía que estaba durando mucho la suerte y entra una mancha de agua sucia. Verde y con suspensión. La visibilidad se ve muy reducida. Haciendo casi imposible la pesca (de pescado) así que vamos a intentar conseguir una cena rica, que en casa lo agradecerán.

Para ello, con el agua sucia, empiezo a buscar en las rocas. Grietas de nécoras o agujeros que pueda haber algún lubrigante. La linterna se hace imprescindible en estos momentos. Porque además del agua sucia, Irlanda está situada muy al norte, así que en invierno el Sol está más bajo que en Galicia, el ángulo es menor y hay menos luz en el agua. Casi como estuviese anocheciendo todo el tiempo. Y mientras buscamos encontramos un buey de Francia pequeño en la arena. Es habitual encontrarlos así, hacen un agujero y ahí se quedan. Pero esperamos que crezca un poco más.

Seguimos buscando a base de linterna y ahora aparece una nécora. Muy buena, pesó casi 300gr! Así que para el saco. A estas ya se le echa la mano con cuidado, que si te pillan un dedo hacen daño.

Poco a poco aparece alguna más y vamos seleccionando las mejores hasta llegar a las ocho o diez (son las que nos tomamos en dos cenas) Mientras tanto revisando a ver si aparece el bogavante, que tengo especial antojo en uno a la plancha. Pero se está haciendo de rogar.

El Sol sigue bajando y tras unas tres horas y media empieza a ser hora de volver. El resultado está siendo malo, veníamos a pescar y ni rabo. Lo bueno es que como está permitido el marisco, por lo menos se puede hacer una cena rica. A nadie le amarga un dulce.

El camino de vuelta es más duro, la marea bajando ya y la corriente en contra. Así que nos arrimamos más a la orilla, donde es menos fuerte y con paciencia vamos nadando. Mientras tanto seguimos picando. Y cae otra vieira.

Ya a medio camino de la salida aparecen unas rocas con buena pinta. Se les ven muchos agujeros. Y revisándolos por fin aparece.

Al marisco no se le puede disparar, hay que capturarlo con la mano, vivo y sin dañarlo. Así, si es una hembra ovada, devolverlo. En ciertos agujeros se hace complicado, porque a ver quién es el listo que le mete la mano así de frente. Normalmente se utiliza el gancho, para moverlo e intentar sacarlo del agujero agarrarlo. Se suelen ver muchos a lo largo del día, pero no son sencillos de pillar. De esta forma no se esquilma.

En esta ocasión lo dejamos, es bastante pequeño. Toca seguir buscando que igual aparecen más. Y si no ya tenemos de sobra para cenar (aunque me sigue el antojo)

Seguimos rebuscando y aparece este congrio pequeño, al que no le gusta mucho la luz de la linterna.

A partir de aquí la batería de la cámara murió y no pude grabar cuando, finalmente, apareció otro bogavante. No demasiado grande pero perfecto para matar el antojo, como veremos en la foto más adelante. Me llevó tiempo poder capturarlo, muy metido en el agujero, con la base de arena. Así que al final, tras moverlo con el gancho hizo amago de escapar y pude agarrarlo.

Con lo cual no queda más que nadar un poco y salir. El mono de “pesca” ya está satisfecho. Da rabia no ver pescado. Pero ya me acostumbré a que en Irlanda suele ser a base de excesos: o hay pescado por todos lados o no ves ni el primero. Y en invierno, con el agua fría, ya me comentaron que desaparece. Habrá que seguir probando.

Cuando ya estaba fuera pudimos ver un “rival”, mucho mejor que yo. En cinco minutos mirando para esta foca que nadaba por allí, ya pilló un buen buey de Francia, del que empezó a dar cuenta. Son otros detalles que hacen divertida la pesca aquí, ver a estos animales, a veces muy de cerca. Eso si, cuando llevas pescado en la boya siempre estás echando un ojo atrás a ver si te lo limpian.

Así que con algo de frío ya, toca cambiarse de nuevo, ahora a 4 graditos, poner la calefacción del coche a tope y volver para casa. Y mientras nos duchamos, ir cociendo la cena.

Este fue el resultado:

 

Ahora a esperar a que el mar vuelva a dar un respiro y probar otra zona nueva, en busca de pescado,  y si no aparece, pues bueno es marisco.

Os dejamos un pequeño vídeo de la salida:

Y abrimos un hilo en el foro para cualquier comentario: