Primer día en Irlanda

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PRIMER DÍA EN IRLANDA

PRIMER DÍA EN IRLANDA

Recién llegado a estas tierras ya me tardaba estrenarme en la pescasub. Pero igual que está pasando en Galicia, temporal tras temporal impide echarse al agua. Además aquí hay un inconveniente que no tenemos en Galicia, y son unos fondos con gran cantidad de limo. La costa es diferente y con el mar se revuelve muchísimo. De hecho fue la primera imagen que tuve de Irlanda, llegar en el avión y desde arriba ver un agua totalmente chocolate, en diferentes tonos, que ya indicaba que el tema no iba a ser sencillo.

Así que, a la primera quedada que hubo (de mar, que no de viento) decidí buscar algún punto de abrigo para por lo menos mojar el traje. Así me fui a una zona al abrigo, cerca de Ballyvaughan, en la bahía de Galway. Un punto que me ofrecía abrigo de los vientos de oeste, y a la vez del mar de fondo.

El trayecto hasta allí un suplicio, las carreteras estrechísimas (cuesta cruzarse con otro coche) y lo que no eran más de 50km llevó una hora.

Y lo peor, si ya nos quejamos del clima gallego… más de lo mismo, pero aún encima más frío. Ponerse el traje rápido y para el agua.

En invierno la temperatura del agua está sobre los 8 grados, alcanzando en verano los 17-18 por zonas. Así que se hizo imprescindible la chaqueta de 9mm con guantes y escarpines nuevos.

Uno de los problemas vino con los escarpines nuevos, gruesos, que a llevar tiempo sin calzar las aletas apretaban un poco. Aunque las ganas podían más. Una entra cómoda, en una calita, y a ver qué encontramos.

La palabra con la que lo puedo describir es decepción. Arena y más arena, sin apenas rocas. Nada de vida, excepto marisco. Restos de longueirones, de más de medio metro, se esparcían por el fondo. A base de esperas intenté que se acercase algo, pero no había manera. Cero vida. Ni peces pequeños, ni lábridos… un desierto. Aparte, la poca visibilidad y la temperatura del agua no facilitaban la labor.

Tras un buen rato, me dediqué a una de las cosas buenas que ofrece este país: el marisco. Antes de nada explicar que la normativa de pesca en Irlanda es muy permisiva. Se puede capturar marisco, lo mismo que pescado (salvo la lubina un mes al año para dejarla desovar) Eso sí, el marisco solo se puede capturar con la mano, nunca disparándole. Y jamás ejemplares ovados. Así pues busqué algo para disfrutar la cena.

En una zona de más rocas, con grandes agujeros y grietas, encontré bastante. Y unos agujeros con una pintaza de lubina. Aunque como me comentaron más adelante otros compañeros de por aquí, el pescado en estas fechas aún no entró. Parece ser que no lo hay todo el año.

Rebuscando por los agujeros, con la linterna continuamente encendida, pude ver siete bogavantes, pero todos, excepto uno, de pequeño tamaño. Y ese bueno me llevó media hora poder capturarlo con la mano (lo de no poder disparar tiene sentido, los agujeros son muy profundos y estrecho y la mayoría de las piezas no se podrán sacar)

Las nécoras por todos lados, algún agujero con más de 20, pero el mismo problema. No se les llegaba. Al final, una docena de nécoras muy buenas y el bogavante, que darán para un buen arroz (al día siguiente) y a la cena las nécoras.

La mentalidad aquí es totalmente diferente. En general no gusta el marisco. No comen las nécoras, ni las centollas. Solo aprecian los bogavantes y las vieiras. Y un máximo respeto por las épocas de veda y por los ejemplares ovados. Igualmente no hay cupos, pero no verán bien excesos. Y la mentalidad es que si te ven haciendo algo raro, o excesivo, inmediatamente llamarán a la Garda.

En esta salida me encontré con otra gente que venía a esta zona a comer (tipo picnic), me estuvieron controlando con prismáticos durante un buen rato y a la salida pudimos hablar. Muy agradables y sorprendidos de que las nécoras se comiesen.

Tras esta primera toma de contacto, curiosa y a la vez decepcionante (en cuanto a pescado) ya estoy impaciente por otra salida. Y parece que va a dejar el próximo fin de semana. Ya os iré contando.

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